La incursión del escritor saltillense Sergio Avilés en el cine con el cortometraje “Fin del Mundo”, dirigido por él y filmado en Saltillo, podría parecer una comedia desatinada, pero gracias a un excelente trabajo de cámara nos transporta a una aventura ligera que, a pesar de que no entendemos bien cuáles son sus ambiciones, cumple en el sentido más básico de entretener con una historia sencilla.

El cortometraje, de cerca de media hora, nos cuenta su historia durante el aparente último día sobre el planeta Tierra pronosticado por los Mayas, momento en que una mujer, interpretada por la actriz argentina Lorena Meritano, decide confesar su amor secreto por un cura libidinoso, interpretado por Manuel Fernández.

La situación de un cura con deseos sexuales reprimidos podría parecer escandalosa para algunos y un chiste viejo para otros, pero el guión, también escrito por Avilés, tampoco se preocupa por complacer ni escandalizar. Este argumento se toca con ligereza y naturalidad, dejando el aspecto de un humor más ácido, como si premeditadamente no quisiera ser demasiado ofensivo con la religión, pero al mismo tiempo mostrando las acciones de este personaje como si fueran lo más normal del mundo: el cura comprando una enorme cantidad de condones y llegando a un hotel con una escultural mujer.

13567764446No sabemos de dónde viene el amor de esta mujer, ni entendemos su relación nunca como algo más que un simple encuentro sexual; el sentido de la historia es meramente humorístico. Sin embargo, el humor se cuida de no ser demasiado sacrílego, mientras que sus chistes a veces funcionan bien y otras no tanto. En general, el tono del trabajo presenta problemas, ¿busca esta historia hablarnos sobre algo en particular? El aspecto del mencionado fin del mundo sólo se aborda al principio y luego no vuelve a hablarse más del tema, mientras que el final podría ser demasiado dramático para una historia que fue en su totalidad de tono ligero.

Sin embargo, el encanto de este trabajo se encuentra más en la forma que en el fondo. Escenas como la del sueño, un perro chihuahua siendo devorado por un águila y otras cuestiones irreales, dan a la trama pequeños tintes surrealistas que agilizan la narración. Así mismo, el trabajo está retratado de forma cuidadosa, con una fotografía sobresaliente. Quienes conozcan Saltillo agradecerán que la cámara no se pose demasiado en los monumentos típicos, optando por tomas concretas que hacen que por momentos olvidemos la ciudad en la que está ubicada la historia.

Este trabajo de cámara realza una historia de chistes que bajo otra lente y otra producción de menor calidad, pudo convertirse en una cápsula televisiva. Sin embargo, en este caso, los buenos contrastes, los enfoques en detalles pequeños y los movimientos precisos, llevan la comedia ligera a otras alturas. El resultado es un trabajo entretenido y muy digerible, que si bien no está del todo del lado del humor negro, tampoco lo está del todo en el chiste fácil, y en su sinsentido crea un trabajo visualmente atractivo que divierte, aunque sin aportar nada más.

Dónde: Sala Emilio “Indio” Fernández (Juarez esquina con Hidalgo, Zona Centro)

Cuándo: 22 de octubre,

18:00 horas.